14 de diciembre de 2012

Estas Navidades ¡cuidado con el rojo!


Las típicas plantas y flores que utilizamos para adornar las fiestas, son muy peligrosas para la salud de nuestras mascotas, por lo que aquí te dejamos una breve explicación de lo que podrían sufrir los animales debido a su ingesta.
Ya sabes, estas Navidades ¡cuidado con el rojo!
La Protectora de Animales y Plantas de Alicante lanza una campaña de concienciación.


Acebo
Tanto las hojas como los frutos y semillas de acebo son venenosos. Los síntomas tras ingerir una dosis mínima de frutos (dos serían suficientes), son: trastornos gastrointestinales con fuertes diarreas y vómitos, dolor abdominal, somnolencia y malestar general. Una dosis superior, y siempre dependiendo del tamaño del animal y de la cantidad ingerida, podría llegar a provocar deshidratación como consecuencia de la pérdida de líquidos, shock y muerte de la víctima.

Flor de Pascua
Todas las partes de la planta son tóxicas, en especial el látex que circula por su interior. El contacto directo con el látex de la planta puede provocar dermatitis con irritaciones, prurito o picor, edema e incluso aparición de vesículas o ampollas. Los síntomas tras su ingestión son: trastornos gastrointestinales con vómitos, diarreas, dolor abdominal, irritación de las mucosas y salivación abundante. El contacto directo del látex de la planta con los ojos de la víctima puede provocar trastornos oculares más o menos graves según sea la dosis.

Muérdago
Los frutos del muérdago son relativamente tóxicos, es necesario ingerir dosis muy elevadas para provocar trastornos importantes. Los síntomas tras ingestión de frutos de muérdago son: trastornos gastrointestinales con vómitos, diarreas, irritación y dolor abdominal, junto a midriasis o dilatación de las pupilas, salivación abundante y sed excesiva. Los síntomas más preocupantes son los cardiocirculatorios o neurológicos con asfixia, dificultad respiratoria, taquicardia o aumento de la frecuencia cardíaca, falta de coordinación, convulsiones, parálisis, coma y, en casos extremos debidos a una sobredosis, muerte por parada cardíaca.


12 de diciembre de 2012

Serpientes con corazón


Tic,tac,tic,tac! Sólo se escucha un viejo despertador en un piso vacío. Salón, cocina, cuarto de baño y tres dormitorios en alquiler.

Ningún mueble. El anterior inquilino se lo llevó todo. 

O casi todo.

Una pareja joven, trasladada desde el norte, decide alquilarlo por Internet  Unas fotos les bastan. Se hacen las transferencias económicas y las llaves les llegan por correo contra reembolso. Y un día hacen la mudanza.

Primero llegan ellos. Después, el camión cargado de muebles.

Entran en la vivienda y todo está correcto. Comienzan la descarga. Camas, armarios, sillas, sillones y sofás. Y, de pronto, algo inesperado. Tras la puerta de un armario aparece un mueble de cristal. Una especie de urna transparente que guarda en su interior un viejo despertador en funcionamiento y, enrollada sobre éste, una impresionante serpiente. Cinco metros mide su cuerpo.

Todos quedan paralizados por la visión del animal. Los nuevos inquilinos deciden dejarla tranquila. Al fin y al cabo, está como dormida, medio muerta, parece. 

- Alguien debió dejarla aquí y alguien volverá a por ella -, piensan.

El animal no se mueve. El tiempo pasa. 

La pareja ya está hecha a su nuevo hogar. Han ocupado todo el piso salvo aquel armario donde serpiente y despertador conviven juntos encerrados bajo llave. Extraña compañía.

Los días se convierten en semanas y las semanas en meses...

Y así, tres meses más tarde la pitón despierta.
Empieza a bostezar, a reptar rápidamente por toda la jaula. Se desliza sobre el cristal. Su cuerpo parece no tener inicio ni final.

Ya no se escucha el reloj que la acompaña, sólo se oye su cuerpo intentando salir del encierro. 

La pareja que vive en la casa tiene miedo. Oye ruido de golpes. Piensa que el terrario podría haberse roto, que la serpiente puede haber escapado. Es domingo. Son las tres de la tarde. Llaman a la policía.

Horas más tarde pudimos rescatar al animal.

Era una serpiente procedente del tráfico ilegal de especies. Una maravilla de la naturaleza que algunos seres humano se empeñan en sacar de su medio natural y encristalar de por vida. 

Por eso, quizás, no entiendo muchas veces por qué la gente se asusta cuando ve una de ellas porque, al fin y al cabo, los reptiles puede llegar a tener varios corazones y, por cierto, muy grandes mientras que hay muchas personas que, simplemente, no tienen corazón.

5 de diciembre de 2012

Un lobo en libertad


A priori todo parecía sencillo.
- "Nos acaban de solicitar autorización para el sacrificio de un lobo por parte de un centro que, por la crisis, va a cerrar ¿Podéis salvarlo?".
- "Creo que, más o menos". - Eso fue lo que escuché cuando, a través del teléfono para aquel pobre animal. 
- "¡Por supuesto! -contesté- El lobo se viene para Alicante".

Una fría mañana de enero, de hace ya algunos años, quedamos para el traslado. Los permisos estaban concedidos. Sólo quedaba sacarlo de allí. Los encargados del parque introdujeron al animal sedado en el interior de una jaula de seguridad. El lobo, aparentemente, dormía tranquilo. 
Después, cargamos la jaula dentro de la furgoneta y nos dispusimos a emprender el regreso a Alicante. Todo iba bien… pero, a mitad de camino, de repente, un sonido se escuchó detrás. A través de una pequeña ventana que nos comunicaba con la zona de carga, pudimos ver cómo el animal rompía en mil pedazos su jaula. No tuvimos tiempo de reaccionar.

El lobo enseguida apoyó su cabeza sobre el cristal de detrás y lanzó tal mordisco a la ventana que hizo añicos la misma en un segundo.

Para entonces yo había conseguido salir de la autopista. Menos mal, porque el animal no lo dudó. Saltó del vehículo y desapareció. 

Pasamos momentos muy malos. Temíamos por él. 

Pusimos cuantas denuncias pensamos que podían ser útiles para localizarle. 

Recuerdo las horas siguientes. La primera noticia llegó a través de la Guardia Civil. Algunos senderistas decían haber visto un lobo en una montaña cercana.

Era la señal esperada. Salimos hacia el lugar donde las llamadas lo situaban. Por el camino pensaba cómo era posible que hubieran sabido reconocerle y no creyeran que era un perro... Pero, cuando lo vi en aquella montaña, me di cuenta de lo que es un lobo en su medio natural. Sus cuatro patas se movían como si cada una de ellas tuviera vida propia. No caminaba, se deslizaba. Había que cogerlo. No habría podido vivir mucho allí. No tenía comida y, según se conociera su presencia, no faltarían voluntarios para acabar con él.

Finalmente, el animal fue sedado y cuando cerró sus ojos por el sueño lo cogí sobre mi hombro derecho y lo bajé personalmente en brazos por la montaña. 

Yo iba delante y mis compañeros detrás. Quizás por esa vergüenza que sienten los hombres al llorar no quise que me vieran y aceleré el paso. El caso es que aún hoy no sé el motivo de mis lágrimas. Quizá fuera por toda la tensión pasada aquellas horas. Quizá por la alegría de haber podido rescatarlo y, a la vez, la tristeza de pensar que aquel pobre animal sólo estaba a salvo viviendo en cautividad. O, quizá, por la emoción de haber visto en directo uno de los mayores espectáculos que la naturaleza puede ofrecerte: un lobo en libertad.

28 de noviembre de 2012

En busca del fin



La carrera espacial no se ha nutrido sólo de "superhombres" formados como astronautas, ni de sofisticadas naves aeronáuticas. 
Uno de los mayores aportes, con mucha pena y poca gloria, lo han hecho los monos que han dejado sus vidas en pro del avance de la ciencia.
En 1948 Albert se convirtió en el primer mono que la Nasa enviaba rumbo al espacio. Su aventura duró poco. Murió sofocado durante el vuelo.
En 1949 Albert II, así se llamaba el segundo mono astronauta, voló también al espacio, muriendo por un choque brutal durante el trayecto. A éste le siguieron Albert III y Albert IV, muertos también por graves impactos. 
Albert V, otro mono pasajero de un cohete, como los anteriores, falleció por un defecto en el paracaídas cuando la propia nave lo expulsó para comprobar las medidas de seguridad de la misma.

Finalmente fue Albert VI el primer primate que sobrevivió a un vuelo espacial. Eso sí, murió dos días después de volver a la tierra, seguramente por la presión y el estrés padecido durante todo el vuelo.
Sin embargo, todos éstos no fueron los últimos en viajar.
Sólo los primeros.
A ellos les siguieron otros muchos. Unos murieron igual que ellos y otros salvaron su vida, aunque, seguramente, desorientados, perdieron para siempre el sentido de las mismas.
Y no sólo fueron los americanos, también los rusos, franceses y hasta argentinos han mandado monos al espacio a lo largo de todos estos años.
Así que en estos días en los que tanto se está hablando de Marte y de los descubrimientos tan fantásticos que nos reserva ese planeta, no puedo olvidarme de todos aquellos animales que son parte olvidada de la historia. Seres anónimos que, por no tener, no tenían ni siquiera un nombre distinto, sino el mismo con distinta numeración.
Por eso, cuando paseo por el Centro de Rescate y me acerco a los monos recogidos en el mismo y veo sus ojos, esos ojos tan humanos que no dejan de hablarme.
O cuando alargan sus brazos y con sus manos estrechan las mías y las aprietan buscando calor y protección. 
O cuando se nos abrazan al pecho para dormirse escuchando el latido de nuestro corazón.
No dejo de pensar en todo el dolor, en la angustia, en el sufrimiento que debieron vivir todos aquellos que sin saber por qué ni para qué, sin tener la menor idea de cuál sería su fin, un día se vieron metidos en una nave con destino a morir.

21 de noviembre de 2012

El significado de ser un coatí


Ser coatí en libertad significa;
Extremadamente sociable, su vida transcurre en grupos de veinticinco o treinta miembros que, entre ellos, establecen unos lazos de amistad muy estrechos.

En realidad, en su mayoría serán familia. Primos, hermanos e hijos que vivirán en armonía durante todo el año.


La reproducción se producirá sólo durante los meses de marzo y abril. Tras ella, sesenta y cinco días más tarde, nacerán de una a media docena de crías que se incorporarán al grupo. 
Los coatíes caminan apoyando sus cuatro patas y, como atletas que son, suben a un árbol con la misma facilidad con la que trepan sobre sus ramas o corren sobre el suelo. 
La madre naturaleza, a través de la tierra, les da toda la comida que necesitan. Lo mismo se alimentan de gusanos que de lagartijas, igual de fruta que de verdura. 
Ser coatí en libertad significa vivir felizmente.


Ser coatí en una jaula significa;
Comprados en tiendas siendo crías pasan del encierro del expositor en el que se oferta su vida a un encierro de alambre y hierro.
Su alimentación será, a partir de ese momento, comida de perro o gato. 
La temperatura ambiente pasará a ser la que marca en casa el termostato de la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano. Las horas de sol vendrán reguladas por el interruptor de la luz.
Intentarán encontrar en el sofá de la casa un mullido árbol y, en las cortinas, ramas por las que trepar cada día. Los destrozos no se harán esperar. 

Sin embargo, lo peor estará aún por llegar. Según se acerque la primavera, su instinto natural comenzará a aflorar. El territorio será a partir de ese momento un lugar a defender y sus dueños, adversarios con los que competir. 
Entonces llegarán las agresiones. Y así, meses más tarde, unos acabarán siendo abandonados y otros donados a centros donde vivirán encerrados para siempre.
Ser coatí en una jaula significa morir indignamente.


Los coatíes recogidos en el Centro de Rescate de Animales Salvajes de Alicante Arca de Noé viven en un recinto especial adaptado a sus necesidades junto a un grupo numeroso de mapaches.

15 de noviembre de 2012

Pincho, el puercoespín africano

Puercoespín Africano -Hystrix Cristata-. De unos 60 cm de largo y 25 de altura, pueden llegar a pesar más de 15 kg. Su característica más llamativa son sus largas y afiladas púas. Procede de África, aunque actualmente existen ejemplares viviendo en libertad en el sur de Italia y en Asia, seguramente introducidos hace siglos por los romanos durante su imperio.

Diciembre de 2009. Playa de Punta Cires. Marruecos. Una de la madrugada.
Una lancha en la orilla es cargada a toda prisa. Decenas de cajas y jaulas se depositan sobre la misma.
Minutos más tarde la embarcación arranca motores y las hélices comienzan a cortar el agua. La noche cubre el cielo. El viento frío hiela la respiración.
Catorce kilómetros y medio les separan de su destino: España.
Uno de ellos comprueba el cargamento: droga, tabaco de contrabando y varias jaulas con pequeñas crías de puercoespines. "¿Quién querrá eso?", se pregunta en voz alta. "¡Estate atento!", le dice el compañero. "Ya sabes lo que tienes que hacer. Si ves la patrullera, lo tiras todo al mar. Las pruebas tienen que ser destruidas".
Los animales, apiñados unos sobre otros, se protegen del frío y del miedo.

Poco saben de todos los que cada año mueren ahogados en el fondo del mar atrapados en sus propias jaulas. Finalmente, llegan a Tarifa. Fin del viaje.

Varias personas les esperan para descargar el alijo. Todo llega vendido. La droga viaja a Madrid. El tabaco se queda en el sur. Los puercoespines, para Alicante, Valencia y Murcia.
Las reservas de animales realizadas por Internet han sido convenientemente atendidas.
Uno de los puercoespines ha sido comprado por una familia de Altea. Un chalet adosado será su próximo hogar.
"¡Nueva vida!", debieron pensar sus dueños. Adiós a su familia. Ningún contacto con otros animales como él. Cambio de paisaje. Cambio de costumbres: Vivirá de día pese a ser un animal nocturno. Para comer: pienso de gato, aunque sea herbívoro. Y responderá a un nombre: "Pincho". Y "Pincho" se acostumbró a ser una mascota. Atendía a la llamada de sus dueños, aprendió a comer lo que le daban y a que su vida transcurriera en los diez metros cuadrados escasos que medía el patio en el que vivía. Pero nada podía hacer contra su naturaleza. Sus pinchos eran cada vez más largos y por la noche había descubierto cómo escapar de su encierro a través de un pequeño agujero. Así que pronto comenzaron a aparecer coches pinchados por sus púas y algún que otro perro que también se llevaba alguna cuando intentaba atacarle.
Un día alguien denunció a sus dueños. El animal fue retirado y ellos sancionados.

Ahora "Pincho" vive en el Centro de Rescate de Animales Salvajes de Alicante, en el Arca de Noé. Desgraciadamente no podrá jamás volver a vivir en libertad. Posee el peor defecto para ello. Es amigo de su peor enemigo: el hombre.

Todas las imágenes son propiedad de La Sonrisa de Kuzca y colaboradores.